16 sept. 2014

Mamá, no quiero ser sibarita

Una gran coalición de sibaritas eticosos, exportadores orgánicos, chefs, dueños de los mejores restaurantes, políticos desinformados y una legión de ‘talking-heads’, calabacitas mediáticas sin ninguna formación científica, tuvo su gran día cuando una promesa de candidato se hacía realidad y el presidente, aún en olor a multitud, promulgaba la Ley de Moratoria de Transgénicos en diciembre del 2011. Ley que en la práctica ha ahuyentado la innovación en el campo con la amenaza de castigar hasta con 10.000 UIT al agricultor que se atreva a ejercer su libertad ancestral de sembrar lo que vea más conveniente para él y sus potenciales clientes.

Por milenios, los agricultores del mundo tuvieron la libertad de escoger qué y cuándo sembrar en la búsqueda permanente de mejorar la rentabilidad de su campo y el bienestar de su familia. Nunca más. Una horda de ONG ambientalistas, mayormente del hemisferio norte, pretende ahora convertirse en la policía de alimentos del planeta. Los primeros objetivos de este activismo tecnofóbico global han sido los cultivos transgénicos sin mencionar la ciencia y el sentido común, víctimas inocentes desde el primer día.

La excusa para semejante legicidio fue que los organismos genéticamente modificados (OGM) “podrían” dañar nuestra biodiversidad. No importaron los numerosos reportes científicos que señalan que los OGM no han causado, en ningún lugar del mundo, daño a la biodiversidad ni a la salud humana. En realidad, los OGM son los cultivos más regulados de la historia. Aprobar un cultivo transgénico puede tomar varios años y miles de pruebas de laboratorio y campo.
Por el contrario, los beneficios económicos de los OGM han sido simplemente espectaculares. De 1996 al 2012, los OGM pusieron más de US$58 mil millones extra en los bolsillos de los agricultores de los países en desarrollo y colocaron en el mercado 123 y 230 millones de TM extras de soya y maíz, respectivamente. Los beneficios ambientales no han sido menos espectaculares, pues en ese período se dejaron de aplicar 503 millones de kilos de pesticidas y se contribuyó a una reducción significativa en la emisión de los gases de invernadero. Solo en el 2012 esta correspondió a sacar de circulación a casi 12 millones de autos por todo un año.

Las consecuencias de la moratoria para los agricultores peruanos han sido devastadoras. Hace algunas semanas, el Ministerio de Agricultura y Riego (Minagri), anunció un plan de reconversión productiva para los algodoneros, en la práctica, una capitulación de guerra ante su incapacidad de competir con el algodón importado más barato.


Recientemente, el presidente de la Comisión de Ciencia, Innovación y Tecnología del Congreso, Eduardo Cabrera, anunció que presentará un proyecto de ley para eliminar la Ley de Moratoria. Un intento de rectificación que saludamos. Esperemos que en esta oportunidad se dé voz a los expertos, como lo reclamó en su momento un presidente “pato rengo”, quien en las postrimerías de su período intentó hacer lo sensato para solo verse pateado en la canilla por un chef sin ninguna preparación científica. Proponemos renovar el debate con la formación de una comisión nacional de expertos que emita una posición que sirva de insumo al que tendrá lugar en el Congreso. Nuestro futuro está en juego.

Publicado en El Comercio en Debate de Opinión: ¿Se debe permitir el ingreso de transgénicos? el 12 de Septiembre del 2014

25 nov. 2012

La Gran Moratoria (2011-2021)


La Gran Moratoria (2011-2021)

El legendario humorista americano Will Rogers solía bromear afirmando que cuando “el Congreso contaba un chiste, era una Ley y cuando aprobaba una Ley era un chiste”. Algo similar, pero de muy mal gusto, se podría decir de la Ley de Moratoria aprobada por nuestro Congreso hace casi un año. Un tema que según el ex-Presidente Alan García debió quedar en “manos de los expertos” terminó convirtiéndose, en palabras de PPK, en una “medida de la época de la inquisición”.

ONGs ambientalistas financiadas por la industria transnacional de la protesta iniciaron hace años una campaña “hormiga” de desinformación contra los OGMs con los argumentos de que su uso dañaría nuestra biodiversidad, crearía dependencia en nuestros agricultores por la necesidad de comprar semillas cada año y enriquecería a “las grandes transnacionales” de la industria biotecnológica. Ante la ausencia de información, basada en ciencia, de parte del estado que no quiso, o no pudo, comprarse el pleito (mayormente ideológico), esta campaña tuvo un éxito relativo: recibió un endose ministerial (“no necesitamos unas cuantas semillitas transgénicas”), incubó una noción equivocada en el Congreso que aprobó la Moratoria (“el pollo alimentado con maíz OGM causa homosexualidad”), sin mencionar los miedos de miles de amas de casa que aseguran equivocadas que “los transgénicos causan cáncer”.

Un estado que no hizo su tarea tiene ahora varias preguntas que responder: ¿cómo le explicamos al papero de Huancavelica que sus papas no tienen que morirse por la rancha o por las heladas?, ¿cómo le decimos que existe una papa OGM resistente a la plaga causante de la Gran Hambruna de Irlanda (1845-1852)? y ¿qué le decimos a los algodoneros/maiceros que podrían reducir de manera significativa sus costos de producción usando semillas de maíz/algodón OGM resistentes a insectos?. Preguntas que ciertamente quedarán sin respuesta mientras nuestro estado autista e indolente mirará de costado a los agricultores con la excusa de la Gran Moratoria, una moratoria que, en nuestra opinión, es una prohibición de facto definitiva.

La lección a aprender es que en algunos temas los gobernantes deben escuchar a los expertos y basar su decisión en la ciencia. De haberlo hecho, el MINAG y el MINAM no habrían endosado o auspiciado una Ley que priva a los agricultores peruanos de la mejor tecnología para la agricultura desarrollada en los últimos 100 años.

¿Alguna solución? Tomaría un estadista dar marcha atrás en este error. ¿Conocen a alguno?

Artículo publicado en el suplemento Portafolio Económico de El Comercio el 25 de Noviembre del 2012

22 oct. 2011

¿Qué es un organismo transgénico?

OVMs u OGMs (organismos vivos modificados u organismos genéticamente modificados) son animales o plantas cuyo genoma (conjunto de genes) ha sido modificado con el fin de que expresen o presenten una nueva característica. La modificación puede deberse a la introducción de alguna secuencia génica de una especie cercana o lejana o a la modificación de un gen del mismo organismo.

Un ejemplo de lo primero son las plantas Bt, tales como maíz y algodón, a las cuales se le han insertado el gen que codifica la proteína Bt de la bacteria Bacillus thurigiensis, con el fin de que sea la planta la que la produzca. Las nuevas plantas se hacen resistentes al ataque de insectos susceptibles a la cepa o variedad de esa bacteria.

El lego se preguntará, y ¿cómo nació la idea? Antes que todo, debemos señalar que la Bacillus thurigiensis es una bacteria que contiene (o expresa) una proteína, llamada proteína Bt, que tiene una actividad insecticida. Esta proteína se une a un receptor (como si fuese una llave con una cerradura) presente en el intestino de la larva del insecto que produce una abertura en el intestino que finalmente mata al insecto. La idea para desarrollar las plantas Bt nació del hecho que por muchos años los agricultores usaban esta bacteria para proteger a sus cultivos del ataque de insectos. En otras palabras, las personas hemos estado expuestos a esta bacteria por mucho tiempo debido a su uso en la agricultura convencional y orgánica. Sin embargo, su uso era muy ineficiente. Muchas veces los agricultores aplicaban la bacteria a las plantas, pero una lluvia imprevista, terminaba lavando a las plantas haciendo inútil su aplicación o un día muy soleado terminaba matando a las bacterias.

Fue así como a un científico belga se le ocurrió la idea de tomar el gen que codificaba la proteina Bt e insertarlo en la planta, para que ella produjera la proteína, haciendo innecesaria la aplicación de la bacteria. La proteína no tiene ningún efecto sobre el ser humano y eso ha sido demostrado a través de cientos de pruebas. Más aún, se sabe que la proteína al entrar al ser humano, es cortada en pedacitos por el jugo gástrico como sucede con cualquier otra proteína que ingerimos.

Un ejemplo del segundo caso, es el de la tecnología para alargar la vida de anaquél de frutos o flores. La vida de anáquel es controlada por el metabolismo del etileno (un gas que en plantas actua como una hormona). Pues bien, para lograr alargar la vida de frutos y flores se ha modificado algunos de los genes involucrados en el metabolismo del etileno con resultados espectaculares. Un clavel con una vida de anaquel de, digamos 5-6 días, puede ver extendida su vida hasta unos 12-15 días. En este caso, no se introduce un gen de otra especie, si no que se aisla el gen, se le modifica en el laboratorio, y luego se le introduce de nuevo a la planta.

17 oct. 2011

Otra vez la controversia ¿Orgánico o Transgénico?, ¿No hemos oído suficiente?

De acuerdo a lo que hemos visto en los últimos días en los medios acerca del debate "Orgánico o Transgénicos" se avecina un debate a sangre y fuego. Para los que se oponen a la tecnología, luditas urbanos de café laté orgánico, todo vale. El Comercio saca a sus acorazados con editoriales sobre el tema. La República saliva otra oportunidad de golpear a "los neoliberales de la agricultura". La revista Somos se pone su mejor vestido para sumarse al apanado. El canal 4 pareciera hacer lo mismo con Raúl Tola y Anuska Buenaluque a la cabeza.

Un artículo de hoy en El Comercio dice textualmente: "....¿Y a todo esto las semillas transgénicas? Pues nada, nada tienen que ver con “el bienestar de la humanidad” y sí mucho con los intereses de grandes empresas químico-farmacéuticas que pretenden apropiarse, por esa vía, de todo aquello que nos llevamos a la boca, hasta de un simple y humilde choclito...". Nada de eso es cierto, pero El Comercio usa todo su poder para escribir y ponderar sobre una tecnología que no entiende ni desea entender. Pura flojera intelectual.

¿Acaso Monsanto y las otras cinco grandes de occidente (Du Pont, BASF, Bayer, Dow Agrosciences y Syngenta) tienen patentes que cubran algunos de nuestros cultivos nativos? O algunas empresas de Oriente (Origin Agritech, Mahyco, Evogene) ? Tampoco. ¿Entonces de qué estamos hablando?. Es increible como este diario recurre a las tácticas de la izquierda setentera: el cuco de las grandes transnacionales. Y en el peor de los casos, ¿sabe acaso El Comercio que las patentes de cualquier compañía solo tienen validez en el país donde fueron aprobadas?. Que yo sepa INDECOPI no ha aprobado ninguna patente de alguna de esas compañías que de algun modo comprometan nuestra biodiversidad o seguridad alimentaria. Pregunto: ¿existe alguna patente en INDECOPI que cubra a nuestra quinua, olluco, kiwicha, rocoto, mashua, oca, maca, etc y que impida su comercialización en el país? Ninguna. En consecuencia se trata de una inocente equivocación o de una deliberada intención de confundir a los lectores con información errónea e inexacta.

Es posible que la moratoria a los OGMs sea aprobada en el pleno y que los tecnófobos nativos se salgan con la suya, pero eso no significa que la moratoria sea una sabia decisión. Por lo que pude ser testigo en la Comisión Agraria la semana pasada cuando fui invitado a dar una conferencia de 20 min sobre el tema, las razones y argumentos a favor de la moratoria eran, en mi opinión técnica, totalmente equivocadas, o en el mejor de los casos emocionales. No estoy diciendo que los Congresistas de la Comisión no tengan derecho a sus temores y asus miedos. Al fin al cabo el Perú es un país libre la última vez que chequé. Pero cuando esos temores y esos miedos intentan legislar, el problema sí que es grave y terrible para la República.

Cada una de las intervenciones, excepto dos o tres que mostraron una valiente posición en contra, usaban argumentos sin ninguna base técnica o científica. Me dieron la impresión de ser, mayormente alimentadas por asesores mal informados, mal intencionados o quizás ganados por el lobby orgánico. No seamos políticamente correctos, ninguno de los congresistas es un experto en OGMs. Eso no tiene nada de malo, pero para eso se invita y se escucha a expertos. Se lee, se estudia, se discute, se analiza, se busca asesores expertos, o se invita a científicos peruanos residentes en el extranjero (una llamada por Skype es barata, $ 0.02 por minuto) y porque no a científicos de otros países. ¿No hablan inglés?, no importa, se contrata a un(a) traductor(a). En el peor de los casos hay expertos españoles, colombianos, argentinos, chilenos, cubanos, etc. con los que se pudo hablar. Todo con el objetivo de agotar el tema, de saber que se hizo el mejor esfuerzo.

Pero, tomar una decisión tan importante en una tarde y solo con dos intervenciones, una a favor de la moratoria y otra en contra, fue, por lo menos, irresponsable.

Los políticos están para liderar aun en contra de la opinión pública y pensar en el largo plazo. Ningún favor nos hace este Congreso legislando con sus miedos, o tomando algunos de los nuestros. Nuestro país se merece, como decía Edmundo Burke, estadista irlandés, ".... representantes que nos sirvan con su buen juicio y con su dedicación y que no nos traicionen, en lugar de servirnos, siguiendo nuestra opinión...".